La Caída del Cielo: Rituales para sanar el mundo
9 de mayo al 4 de julio del 2026
“Nuestro tiempo es especialista en crear ausencias”
— Ailton Krenak
En las prácticas espirituales de distintos pueblos amazónicos existen rituales que buscan sostener el equilibrio entre presencias humanas y no humanas. Entre los pueblos Yukuna, Matapí y Tanimuka, por ejemplo, el baile del chontaduro constituye una ceremonia ancestral de curación y gratitud. A través de una serie de danzas en las que los participantes portan máscaras que les permiten transmutarse en espíritus animales —acuáticos, terrestres y celestes—, ingresan a la maloca para compartir alimento y bebida durante varios días, renovando así los pactos de convivencia que hacen posible la continuidad de la vida común.
Un relato yanomami advierte que, cuando desaparezca el último chamán, desaparecerá también quien sostiene las alianzas y el equilibrio del mundo; entonces nadie podrá sostener el cielo y este volverá a caer sobre la tierra, como ocurrió en el origen de los tiempos. La caída del cielo no opera aquí como metáfora, sino como advertencia: un diagnóstico de las rupturas contemporáneas que amenazan las condiciones materiales y simbólicas que hacen posible la continuidad del mundo.
Partiendo de la exploración de distintas cosmovisiones amazónicas —particularmente aquellas en las que lo humano, lo animal y lo vegetal participan de un mismo campo relacional—, esta exposición propone desplazar la comprensión de la naturaleza como fondo pasivo para pensarla como una red activa de mediaciones materiales, simbólicas y afectivas. En este marco, la noción de ritual vegetal no se plantea como herramienta instrumental, sino como un sistema de conocimiento capaz de articular percepciones, transformaciones y vínculos entre entidades humanas y no humanas.
La exposición reúne a diez artistas cuyas prácticas investigan estas zonas de contacto. Su punto de partida es el reconocimiento de que tanto los cuerpos humanos como los entornos vegetales y animales que habitan —en este caso, el ecosistema específico de LFBK— existen en una relación de afectación mutua. Esta condición excede lo biológico: involucra dimensiones simbólicas, técnicas y energéticas que configuran formas específicas de coexistencia.
En este contexto, cada artista ha sido invitado a desarrollar un ritual o ceremonia íntima. El ritual se entiende aquí como una tecnología operativa: un dispositivo capaz de producir desplazamientos reales en la relación entre cuerpos, materiales y entorno. Más que representar una reconciliación entre humanidad y naturaleza, estas prácticas ensayan modos concretos de recomponer vínculos fracturados. Frente a un tiempo marcado por la producción sistemática de ausencias, la exposición propone un espacio para imaginar, activar y sostener formas de relación capaces de impedir, aunque sea provisionalmente, la caída del cielo.
Cristian Toj, mayo 2026
Curaduría: Cristian Toj
Artistas:
Verónica Vides (SV)
Gabriela Novoa (SV)
Eugenia PG (SV)
Ronald Morán (SV)
Lia Porras Saénz (GT)
Inés Verdugo (GT)
Yavheni de León (GT)
Marié-Nöelle Fontan (SV)
Paula Nicho (GT)
Salvador Cumez (GT)
