Sin Fuego
22 de agosto al 5 de septiembre del 2026
“—Alce esa escultura, por favor… En la gracia de ese cuello hay siglos de arte.
—No es una escultura… es una cafetera.”
— H. G. Oesterheld, El Eternauta
La calidad del arte suele relacionarse con la obra que perdura a través del tiempo: monumentos, objetos conservados en museos u óleos de cientos de años. De la misma manera, la cerámica se define comúnmente como la técnica de fabricar objetos de arcilla que se endurecen al ser cocidos a altas temperaturas.
Tomo Kobayashi propone Sin Fuego, un proyecto desarrollado durante seis semanas en el Programa de Residencias de LFBK. En este tiempo, el artista recolectó materia orgánica del espacio y agregó a sus arcillas ceniza, fibras encontradas, cartón de huevo y otros materiales alternativos, para observar si la materia sobreviviría al secado. Lo que inició como un experimento de cerámica sin cocción se transformó en un espacio para reflexionar no solo sobre la materialidad de la arcilla, sino también sobre el deseo humano de fijar, preservar y resistir el paso del tiempo.
La teórica crítica Nelly Richard plantea que la memoria no reside en la conservación intacta de una forma, sino en la capacidad de la huella para seguir incomodando la estabilidad del presente. De la misma manera en que las piezas de Tomo se agrietaron, colapsaron, se erosionaron y algunas desaparecieron, la memoria permanece en un proceso continuo de cambio. Esto no significa que deba congelarse en una vitrina, sino reconocerla como una huella activa desde la cual podemos cuestionarnos a nosotros mismos y al entorno que nos rodea.
Al prescindir del fuego nos convertimos en testigos de la transformación del material, desplazando la atención del resultado final hacia el proceso. Así, la creación de objetos deja de ser una búsqueda de permanencia para convertirse en un acto de reconciliación con nuestra propia finitud.
Ana Elizabeth López, agosto 2026
